Cuentos y relatos

¡Perdóname, pequeño!

¡Pequeño! Lo primero que quiero hacer es pedirte perdón. A ti y a los tuyos. A los inmigrantes que se han quedado en el camino y a los que siguen buscando un lugar digno para vivir. He visto decenas de veces tu fotografía en el mar mediterráneo a lo largo de día. Algunas veces de reojo; otras pensando si la publicaría o no; otras, anestesiado, sin sentir prácticamente nada… ¡Te reconozco que hace pocos minutos he sentido pánico de mi mismo! ¿Se puede ser tan frío? ¿Se puede mirar a un niño muerto en el mar y no sentir prácticamente nada? Perdón, perdón y perdón. Pero esta noche, cuando me he tumbado en la cama y he mirado los últimos comentarios en las redes sociales, he conseguido llorar. ¡Por fin! ¿Qué triste consuelo el mío, verdad? Y me he tenido que levantar para escribirte estas líneas que sé que estás escuchando porque, como soy cristiano -uno muy malo, pero cristiano, al fin y al cabo- se me ha ocurrido que tenía la oportunidad de entrar en contacto con un nuevo santo. Eso sí, con un santo pequeñín, que ha sufrido mucho, que ha muerto abandonado y al que muchos hemos mirado hoy con indiferencia, como a Jesús de Nazaret lo miraron en la Cruz cuando lo mataron.

¡Me gustaría saber tu nombre, pequeño! Y te quiero pedir que, desde el Cielo, donde ya no hay mares cementerios, reblandezcas mi alma. ¡Aunque sea sólo un poco! Pero antes necesito hacerte otra confesión. A pesar de que he comido con tu foto, de que me he acostado mirando tu foto y de que desayunaré con tu foto mañana leyendo la prensa mientras me tomo un café, te reconozco que me ha costado entrar en contacto contigo, asumir y compadecer tu miseria. ¡Y mira que se me ha llenado la boca veces con la palabra misericordia! ¡Pobre amigo, en mi mundo, que era hasta hace poco también el tuyo, estamos tan acostumbrados a ver muertos en las películas, en los periódicos, en las revistas!.. Pequeñín, también te quiero pedir disculpas porque las primeras lágrimas que he derramado en el día no han sido para ti, sino para mi. ¡Siempre me ahogo en mis problemas, en mis fantasmas, en mis molestias, en mis quejas!.. Y hoy no ha sido un día diferente, aunque te tenía allí delante, siendo bautizado por el Mediterráneo.

¡Dulce pequeñín! Ahora te imagino en manos de nuestro Creador, que seguirá llorando por ti y por tantos niños como tú sin oportunidades. Aunque, pensándolo mejor, supongo que sobre todo llorará por la gente como yo, que nos hemos vuelto insensibles ante el sufrimiento de los demás y que podemos llegar a ahogarnos en un vaso de agua mientras niños como tú y tus hermanos se ahogan en el mediterráneo y en otros mares buscando una oportunidad. También te pido perdón porque he votado a estos políticos que gestionan vuestro problema como si fuera una crisis de la bolsa, intentando hacer un discurso que quede bien pero sin remangarse las mangas de la camisa. Aunque, ¿acaso soy yo, con mi pasividad, diferente a ellos? ¿Me remango yo las mangas de mi camisa? Perdoname a mi también, pequeño, ¡pero me niego a que hablen de vosotros como una cuota! ¡Me niego!

¡Pobre niño, si con tres añitos es imposible que entiendas de qué te estoy hablando!.. Pero me dirijo a ti hablándote como a un adulto porque confío en que Jesús y María me están escuchando. Y que en el Paraíso las palabras llegan directas al corazón. Me imagino que el Salvador tiene tu alma entre sus manos, y está meciéndote y cantándote una “nana” ahora mismo. Pídele perdón de mi parte y, ahora que ya ha pasado tu calvario, que estás descansando en sus dulces manos, dile de mi parte al Padre bueno, que observa a Europa llorando, lo siguiente: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. Aunque seguramente mañana seguiré caminando por este mundo como un pollo sin cabeza y sin saber por qué hago lo que hago, agobiándome por grandes tonterías, me has ayudado a darme cuenta esta noche que tengo una especie de pedrusco en el pecho que quiero emblandecer y entregar a los demás. ¡Gracias pequeñín! ¡Duérmete! ¡Qué descanses en paz!

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12 replies »

  1. No creo que pueda expresar lo que siento, anoche en la cama lloré con tanta desesperación, teniendo en mi mente la imagen de ese ser pequeñito,tengo un nieto casí de su edad; mi desconsuelo se ha reproducido, de nuevo en estos momentos al leer tu relato.
    Me dolió en el alma, cuando le ví allí tumbado en la arena, mientras las olas le seguian colpeando dulcemente, como si quisieran acariciarlo, dandole el abrazo que su madre seguramente no le pudo dar, no quiero ni imaginar la desesperación de esa madre en esos momentos, no sé porque ese soldado tardó en recojerlo,porqué no lo abrazó contra su pecho (como yo habria hecho). Dandolé mi calor a ese cuerpecito tan pequeño y llenandolo de besos. Dios mio te pido vuelvas tus ojos a tantos desamparados del mundo y que tantos poderosos y multimillonarios como hay, se vuelvan más humanos y mitiguen tanto dolor e injusticias como estamos contemplando día tras día, los que realmente poco podemos hacer.
    Que podría hacer yo, con cuatrocientos cincuenta y nueve euros que tengo de paga al mes, y sin pagas dobles. No obstante seria capaz de ofrecer mi casa, sumandomé a esas personas que quieren colaborar, como buenamente se pueda.
    Las horas que son y sé que hoy tampoco podré dormir como necesito, pero si pienso como estarán esos pobres cientos de personas, miles como tú y como yo,( ó mejores). Y aún he de dar gracias al cielo, y rogarle al Dios de mis mayores, en el que sigo teniendo fé. Que no nos deje de su mano y que los poderosos del mundo, dejen sus ambiciones a un lado y miren a sus hermanos, sus semejantes, hoy tan necesitados, como lo estuvo España durante la guerra civil.
    Alyand Kurdi, chiquitín mio, que Dios, mi Dios, vuestro Dios ese que no distingue entre razas ni religión te acoja entre sus angeles y seas un hermosisimo y feliz QUERUBÍN!!! Y que tu mamá se haga amiga de nuestra madre celestial y te vea a diario porque sois muy pequeños, Oh!! Dios viene a mi mente, cuantos maravillosos seres humanos, puede estar perdiendo la humanidad en estos días tan terribles. Que Dios nos ayude a dar lo mejor de nosotros. Amén…

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  2. Gracias a Dios por poner éste escrito en mi camino mientras veía mi correo.. Gracias a ti por sensibilizar mi corazon.. Duele, duele por ese pequeño y por todos los niños que mueren a diario en el mundo, gracias a la indiferencia de los “adultos”.

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