Cuentos y relatos

Mí día (5 de febrero de 2016)

5 de febrero de 2016

2Hoy me han encargado la misión de preguntarme cómo ha sido mi día. Y tengo que escribirlo. Pero lo único que brota ahora en mi alma –alojada cerca de mi corazón, lejos de mi cabeza– es una pregunta. ¿Qué es un día? ¿Es lo que ha ocurrido entre el amanecer que no he visto, porque estaba acurrucado entre las sábanas, y el anochecer que no he sentido, porque me he pasado las horas atado a la silla, amarrado por tareas insolentes, que no cambian el mundo?  No, eso no es un día. ¡Ese no ha sido mi día! Mi día no se ha reducido a trayectos acelerados en el metro para llegar a mi destino. Tampoco se ha limitado a haber corrido con la lengua fuera hacia a la impresora un puñado de veces para contentar a mi jefe. Ni ha servido para inyectar café tras café a mi estómago para trabajar diez horas y ganarme el pan del día. ¡No! ¡Ese no ha sido mi día!

¡Miento! ¡Miento! ¡Todo esto ha ocurrido! Pero mentiría mucho más si no confesara que mi día ha sido otro muy distinto. Mi día han sido las canciones que he tarareado desde que me he levantado acordándome de ti. Las sonrisas que he regalado a mi jefe, con una sinceridad inocente, porque te llevaba de paseo en mi mente. Aunque el punto cumbre de la jornada ha llegado cuando, después de comer en apenas quince minutos, me he puesto a escribirte, mientras reposaba el almuerzo fumándome unos cuantos cigarros, una improvisada carta de amor, en la que te he agradecido lo mucho que me quieres, lo mucho que me cuidas, todos los detalles que tienes conmigo, a pesar de que no te veo como me gustaría. ¡Tú has sido mi día! ¡Tú has sido mi día!

La comida del comedor, demasiado agria en el primer bocado, se ha convertido en un manjar cubierto de azúcar porque pensaba en ti. Los bufidos de mis compañeros, bastante molestos, han sonado a música melodiosa cuando me he acordado de ti. Y el momento en el que he temblado mirando la cuenta corriente se ha convertido en una aventura notando en el pecho que, a pesar de que sabes que soy pobre, me quieres. Sí, ¡Me amas! ¡Tú! ¡A mí! ¿No es increíble?

Tú has sido la razón por la que esta mañana me he levantado, a pesar de que me crujía la espalda. Y la motivación por la que me voy a meter en unos minutos en la cama aunque no tengo sueño, porque quiero estar fresco después del amanecer, y poder volver a pensar en ti. Tú eres la razón por la que intentaré madrugar mañana. Y mañana. Y mañana. Y mañana… Y así hasta que llegue el bendito día en el que por fin pueda mirar, de cerca, tus dulces ojos. ¡Ese sí que será un gran día! ¿Aunque hoy tampoco ha estado nada mal? ¿Verdad?

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