Cuentos y relatos

Soy Dimas y estoy en el Paraíso

2015040410310888f248Hace solo unas horas estaba encerrado en una prisión de alta seguridad. Mi destino: la muerte. Entre abismos de piedra, sentía que me iba a desangrar por culpa de la angustia y de la frustración. Pero ahora, sentado en una terraza con vistas a un mar repleto de agua llena de vida, puedo escribir estas líneas con una alegría enorme. Casi divina. Quiero que todo el mundo que lea mi historia sepa quién soy y lo que me pasó hace apenas un día. Y por qué he logrado escapar de la cárcel.

No describiría mi vida como un paseo tranquilo por el monte sino como una aventura que transcurre en una montaña. Repleta de rocas afiladas y de lobos. Cuando dejé de ser un niño, en lugar de seguir las luciérnagas con las que me cruzaba en el camino, empecé a sentirme atraído por reptiles que se arrastraban por la tierra y que vivían entre las piedras. Y así no es muy difícil caerse.

No es que yo haya sido una mala persona. Simplemente era un fanfarrón que siempre quería más. Entre los veinte y los treinta años aspiraba a que todos me miraran con admiración y con respeto, quizás porque me sentía demasiado inseguro. Me encantaba parecer el más fuerte, el más arriesgado, el que siempre tenía éxito. Así que poco a poco, en una ciudad en la que estaban de moda los pillajes y las conspiraciones, terminé dedicándome a robar y a matar.

Pero ayer estuve con Jesús, un galileo que, entre la hora tercia y la sexta, consiguió cambiarme la vida. Os voy a explicar cómo lo hizo porque yo no hice absolutamente nada. Simplemente fue su mirada -y la de su madre, que es idéntica a la suya- la que logró que volviera a latir con ilusión un corazón tan atascado y endurecido como el mío. Si lo pienso bien mi único mérito fue, en el fondo, mi debilidad. Gracias a mis flaquezas tuve la suerte de acabar junto a aquel hombre extenuado y flacucho, pero que no había perdido la esperanza. Aunque estábamos clavamos en una cruz. Como dos apestados.

Al principio creía que Jesús, del que se burlaban casi todos los habitantes de la gran ciudad porque se había autoproclamado Rey y decía que su Reino no era de este mundo, era como yo. Sólo tenía una duda: si era un farsante o un loco. Pero al escucharle y contemplarle en los últimos momentos de nuestras vidas, quizás para evadirme porque mirar mis propias heridas me dolía demasiado, me di cuenta de que él no era como yo, que estaba lleno de ambición, rabia, frustración, envidia, recelo, orgullo y altanería. “Estará loco”, decidí.

Pero al ver el amor que se tenían, sentí que, aunque él no era culpable como yo y que probablemente estaba loco, yo sí quería ser como él. O como Juan, aquel muchacho vivaracho que le daba la mano a María, la mujer que mientras acompañaba a su hijo coronado con espinas también me hacía compañía a mí. Recuerdo perfectamente lo que pensé: “Yo también quiero ser un loco enamorado. Si le hubiera conocido antes quizás mi vida hubiera sido de otra manera”. Y en ese instante, a pesar de que en el otro extremo del monte Calavera otro crucificado le pedía a Jesús que si era el hijo de Dios nos bajara de la cruz, yo me atreví a decirle en voz alta, creyendo obstinadamente en él: “Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”. Y él me respondió muy directo: “Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso”. Y cumplió su promesa.

Pero el Paraíso no es este sitio lleno de árboles frutales y de un sol radiante. Aunque no está nada mal. El Cielo o el seno de Abraham, como otros lo llaman, comenzó para mí cuando aún estaba clavado en aquella cruz. Justo en el momento en el que un joven como yo y una madre que veía que estaban matando a su hijo, confiaron por primera vez en mí.

Cuando Jesús ya había expirado, antes de que un soldado fuera a romperme las piernas con un garrote para que me quedara sin respiración y me muriera porque era viernes por la tarde y el sábado no se trabaja en Jerusalén, exclamé con más paz que nunca: “¡Soy Dimas y estoy en el Paraíso! ¡Soy Dimas y estoy en el Paraíso!”. Y cuando cerré los ojos le volví a ver.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s